Actividades Conferencias y Debates

Conceptualismo y abyección. Hacia otras genealogías del arte conceptual

08 feb. 2006

Auditori MACBA. Entrada libre. Aforo limitado. Con servicio de interpretación simultánea.

Debate en el contexto de la colección Herbert

En su influyente ensayo sobre el arte conceptual «De la estética de la administración a la crítica de las instituciones», de 1989, Benjamin Buchloh describe de qué manera se convirtió el conceptualismo, tras su expiración, en una forma de inconsciente para toda la producción artística posterior a 1969. A partir del diagnóstico de que «el arte conceptual llevó a cabo la investigación más rigurosa del período de posguerra en torno a las convenciones de la representación pictórica y escultórica, así como una crítica fundamental de los paradigmas visuales tradicionales», Buchloh construye un relato histórico que culmina en un arte de información que reactiva los postulados de la vanguardia productivista de la revolución rusa, a la vez que pone en tela de juicio el papel de artista al redefinirlo burocráticamente como mero «empleado que cataloga». Este proceso histórico del arte conceptual se cierra con obras como el visitor's profile de Hans Haacke, una recopilación estadística de los rasgos de los visitantes a la exposición, y, de manera crucial, con el «museo en venta» de Marcel Broodthaers, que es asimismo una premonición del futuro inminente: la desaparición del espacio de la crítica museística en tanto institución central y legitimadora de la esfera pública burguesa y su transformación en manos de la nueva industria del entretenimiento de masas, cuyo síntoma es la reaparición espectral de los paradigmas pictóricos y escultóricos del pasado, que el conceptualismo había abolido. Sin embargo, el cierre histórico del conceptualismo no comporta por necesidad su desaparición, sino que implica su interiorización en las prácticas artísticas críticas que darán nacimiento a lo que hoy llamamos «crítica institucional», que por su parte surge de manera difusa tras la estela del arte conceptual como continuación relativa y ambivalente de la vanguardia radical en el contexto museístico, crecientemente mediatizado por las industrias culturales a partir de los años ochenta.

El relato histórico que hace Buchloh sobre el conceptualismo se ha convertido en una referencia canónica que este debate aspira a reconsiderar. De acuerdo con tal relato, el conceptualismo ha sido historizado y musealizado como una estética administrativa, burocrática, carente de plasticidad, árida y despersonalizada, que en cierto modo viene a culminar las modernas estéticas de vanguardia propias del arte de la posguerra. El debate intenta contrarrestar una visión teleológica de la modernidad, implícita en el vanguardismo, y trazar otras posibles genealogías del conceptualismo a partir de los géneros menores y de la cultura popular. Todo ello desde la perspectiva de que las rupturas de los sesenta implican la emergencia histórica de nuevos sujetos políticos, minoritarios o periféricos, que ponen en cuestión la universalidad del sujeto burgués liberal, teorizado por Habermas e implícito en el relato vanguardista de Buchloh. El debate, por tanto, se plantea interrogantes acerca de los aspectos heterodoxos, paródicos, humorísticos y grotescos que pueden identificarse en el conceptualismo histórico y su evolución.

Programa

PARTE 1
Con Lawrence Weiner, Daniel Buren, Art and Language (Michael Baldwin y Mel Ramsden) y Robert Barry. Modera: Carles Guerra.

Arte conceptual y filosofía

Revisitando el arte conceptual, una de las impresiones más generalizadas es que se acercó tanto a la filosofía (sobre todo a la filosofía analítica) que en ciertos momentos su identidad corrió el peligro de confundirse con una modalidad más de filosofía. Esto ocurrió en casi todos los casos de los artistas que están presentes en la mesa, en mayor o menor grado. ¿Qué es lo que estaba en juego? ¿Una transferencia de autoridad, de modo que la filosofía pudiera legitimar las prácticas artísticas? ¿O un abandono de las preocupaciones estéticas a favor de las cuestiones técnicas, institucionales e ideológicas?

Una práctica transicional
Si aceptamos que el arte conceptual tuvo una función eminentemente clarificadora respecto a la mixtificación propia de la modernidad greenberiana, y que en cierto modo no fue concebido como estilo sino como un proceso autodidacta, ¿no es posible que el arte conceptual tuviera un papel transicional y que una vez superada esa primera fase su destino tuviera que sufrir una descarga gradual hasta quedar olvidado? Sin embargo ha perdurado y sus documentos son objetos de culto. ¿Significa esto que la versión actual del arte conceptual es una forma degradada, corrupta, agotada y sin vida? ¿Qué papel desempeña el arte conceptual en el sistema del arte de nuestros días?

Aunque es necesario superar definitivamente el debate sobre los»labels» ¿Creéis que la denominación «arte conceptual», extendida universalmente por crítica e historia del arte, ha oscurecido la especificidad y multiplicidad de los procesos de desbordamiento de los límites convencionales del sistema-arte ocurridos en el paso de los sesenta a los setenta, y que, en muchos casos, ha contribuido a difuminar sus elementos más críticos y explícitamente políticos? En tal caso, ¿cuáles son esos rasgos específicos en vuestro trabajo?

El artista conceptual como empresario del nuevo capitalismo
Si es cierto que los artistas conceptuales lo fueron en la medida que se iniciaban profesionalmente en el mundo del arte, y que siendo la mayoría de ellos muy jóvenes lo hacían con un sentido totalmente distinto de lo que era trabajo y lo que no, del empleo del tiempo, de las relaciones con el público y las instituciones, puede ser que ellos fundaran una nueva modalidad de trabajo inmaterial. Los que abandonaron la práctica del arte en los primeros años encontraron su lugar en la sociedad aplicando esas mismas habilidades y conocimientos que empleaban en el mundo del arte. ¿Hasta qué punto el artista conceptual sería el modelo del nuevo empresario que explota su creatividad, autonomía, libertad y capacidad autoorganizativa?¿Podríamos darle al arte conceptual el honor de haber inspirado una nueva forma de producción que capitalismo avanzado ha hecho suya?

El así llamado «arte conceptual» se activa en un momento, mediados de los 60, en que la institución arte el mercado, el museo, los modos de dirigirse al público está comenzando su adaptación al nuevo sistema de la cultura que Jameson define como propio del capitalismo tardío. ¿Es de algún modo el trabajo conceptual una toma de conciencia de esos cambios?, ¿un posicionamiento crítico o analítico respecto a los mismos?, ¿un instrumento de la propia institución arte para ubicarse dentro del nuevo escenario?



PARTE 2
Con John Baldessari, Thomas Schütte y Luciano Fabro. Modera: Jesús Carrillo.

El arte conceptual y el discurso del otro

¿El conceptualismo fue simplemente una disección y análisis de los procesos de construcción discursiva del sujeto estético moderno y por tanto una mera constatación de la dimensión asocial y alienada de la cultura contemporánea -o fue también la cabeza de puente para hacerse oír la voz disonante de los otros sexuales, culturales, raciales o de clase? ¿El conceptualismo registra la presión que están ejerciendo esos otros tanto en el ámbito artístico como en extra-artístico?

Una vanguardia global
El así llamado conceptualismo, más que cualquier otro «ismo» de la segunda mitad del siglo XX, ha sido el vehículo de las operaciones y estrategias más diversas, en los más distantes y distintos rincones del mundo ¿Se podría considerar, pues, como el primer movimiento de vanguardia propiamente global, o, simplemente ocurre que se ha utilizado sistemáticamente el término «conceptualismo» para clasificar fenómenos que nada tienen que ver con unas inquietudes «verdaderamente conceptuales»?

Arte conceptual y cultura popular
Teniendo en cuenta lo anterior ¿sería necesario repensar el arte conceptual abandonando la categorías de rigor lingüístico usadas por la historiografía, de modo que se hiciera visible su naturaleza permeable a los discursos «menores» de la cultura popular, a los procedimientos de distorsión, humor e imitación paródica y a la pluralidad de voces? Una vez hecho, ¿cabría seguir hablando en sentido estricto de «arte conceptual»? ¿En qué medida afectaría esto a nuestra percepción de la modernidad y de su hipotético fin en el conceptual?

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